Los magos del cerebro

El cerebro no está diseñado para centrarse en dos cosas al mismo tiempo, y los magos lo aprovechan. El cerebro se centra en algo a partir de la teoría del movimiento, en la que nuestra atención se centra en una cosa como si la iluminamos con un foco, y el resto lo dejáramos en otro plano borroso y oscuro como las cámaras de fotos. Esto permite a los magos que lleven nuestra atención a un punto, y  les permiten trabajar en el resto del campo, ya que para nuestro cerebro no existe.

 

El mago , se aprovecha del marco de memoria-predicción del cerebro, por el cual nuestra mente deja de prestar atención a algo si ya ha pasado otras veces y cree que va a volver a suceder así.

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El cerebro funciona sobre la base de la memorización y el reconocimiento de patrones, de forma que la tarea que realiza el cerebro (o al menos la parte del cerebro denominada cortex) es la predicción, es lo que el autor llama «marco de memoria-predicción (memory-prediction framework). El papel de cualquier región del cortex es averiguar qué relación hay entre sus entradas (inputs), memorizarla y usar esa memoria para predecir cómo se comportarán las entradas (inputs) en el futuro.

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Durante siglos, los magos han manejado una sabiduría extraordinaria acerca de la mente y del cerebro, con principios que se estudian en Neurociencia Cognitiva desde hace décadas. Uno de ellos, la llamada Teoría de la Mente: “Los magos son grandes expertos en esa capacidad no solo de entender que los otros tienen una mente independiente, sino además de intuir, y a veces saber, qué es lo que puede estar en la cabeza de los otros”, dice el neurocientífico Manuel Martín-Loeches, Doctor y Profesor  de la Universidad Complutense de Madrid. Esta pericia para percibir y reflexionar sobre el estado mental de su espectador le permite predecir su respuesta, lo que hace que sus juegos parezcan una conspiración contra las leyes de la física y la lógica”.

¿Pero qué acapara nuestra atención? Pues lo que el mago quiere, llevando nuestros ojos al punto equivocado. En este juego, la bola en el último movimiento se queda en la palma de la mano. Pero el ilusionista hace que las miradas se concentren en su cara, según se vio en una medición de los movimientos reales de los ojos de los espectadores. Mientras, él aprovecha para culminar su truco. Los neurocientíficos explican la desaparición de cosas con lo que ellos llaman “post­descarga”: una imagen espectral del objeto que persiste durante un momento en la corteza visual, aunque realmente ya no esté delante de los ojos.

El neurocientífico recurre al ejemplo del “punto ciego” que tenemos en cada ojo, un lugar relativamente amplio de nuestra retina en el que no tenemos receptores visuales y, por lo tanto, se convierte en un lugar de nuestro campo visual que no vemos en absoluto. No lo notamos porque el cerebro reconstruye esa parte que falta con información pasada y con información presente, de manera que no somos conscientes de ese vacío visual que todos tenemos”.

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El humor, por ejemplo. Es evidente que forma parte del espectáculo más allá de pretender hacer reír. “Un público que se está riendo no puede prestar atención a las maniobras y pases secretos del mago”. Podría ser una veta para ver cómo el humor condiciona el nivel de atención, algo completamente novedoso desde el punto de vista neurocientífico.

Un grupo de neurocientíficos, entre ellos la gallega Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Neurológico Barrow, en Estados Unidos, ha decidido acabar con los interrogantes con un experimento que comenzó el verano pasado trasladando por primera vez los trucos de cincuenta magos de renombre internacional a sus laboratorios,

El diálogo magia y ciencia es aún incipiente, pero podría empezar a dar resultados en los campos de la educación y la rehabilitación médica, según augura la neuróloga.

“Tendría una aplicación muy interesante dentro del aula si los profesores pudieran aprender a engañar a los alumnos para que prestasen atención a conceptos fundamentales. Serían válidas en otros problemas, como la hiperactividad, el alzhéimer, e incluso para entender el autismo y algunos casos de lesiones cerebrales”

Espero que haya sido de vuestro interés,

Michel Moreno Velasco

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